Comparto plenamente lo expresado por Maldyn, me parece sensato tolerar una 
pronunciaci�n simplificada de los top�nimos para quienes no dominan la lengua en 
cuesti�n, pero tampoco se los deber�a subestimar demasiado; verbigracia, es razonable 
pensar que la "r" francesa es dif�cil de emitir para los catellanohablantes, pero los 
sonidos /Z/, /S/, /z/, las nasalizaciones, o las vocales /y/ /Y/ de ese mismo idioma 
no creo que ofrezcan dificultad.  Naturalmente, nada de esto ser� remotamente posible 
si previamente no se llega a una ortograf�a com�n.  Quien haya visto los caracteres 
extendidos del Word se dar� cuenta de que hay muchos que sobran y que si hiciera una 
racionalizaci�n, probablemente bastar�a con un solo juego de caracteres para las 
lenguas occidentales.   Por ejemplo, �qu� utilidad presta la "�" en las lenguas 
romances?, solamente en turco es realmente necesaria, pero ese sonido tS perfectamente 
podr�a escribirse de otro modo (Bendito seas Kemal Atat�rk que civilizaste Turqu�a al 
cambiar su escritura y especialmente al prohibir los velos de esa necia religi�n. 
Opino que es sistema ortogr�fico turco es de los m�s perfectos del mundo, s�lo 
superado por la escritura coreana).  De todas formas si no se hace una reforma total, 
es mejor que no se haga, pues ya ven ustedes el dudoso caso de la reforma del alem�n 
que ahora tiene palabras con "sss" y que si bien en Alemania (en Suiza nunca se us� me 
han informado) se elimin� la  "�", en Austria se permite en algunos casos.  Esta letra 
in�til s�lo se justifica por los defectos de la ortograf�a del alem�n (nunca tan 
terribles como los del ingl�s o el ruso), con lo que quiero decir que en la antigua 
ortograf�a alemana era necesaria, pero que una reforma radical habr�a evitado 
reemplazarla por ss, dando lugar a palabras con sss (hay tambi�n con mmm).  Ser�a 
deseable adem�s que la reforma incluyera a los alfabetos cir�lico, armenio y georgiano 
(Pedro El Grande y Lenin, ten�an intenciones de cambiar el cir�lico por el latino, 
ignor� por qu� la idea no habr� prosperado), pues al menos el cir�lico es tan parecido 
al latino que no vale la pena que exista, m�xime si a pesar de tener m�s letras su 
escritura no es fon�tica, pues tienen una gran cantidad de letras que no pronuncian en 
ciertas agrupaciones.

A prop�sito de reformas ortogr�ficas, les contar� que en Chile desde 1875 
(aproximadamente) hasta 1927 (fecha exacta) se us� un sistema ortogr�fico distinto al 
resto de Am�rica y Espa�a.  Este sistema estaba inspirado en el proyecto de 1823 del 
ilustre Andr�s Bello, pero desgraciadamente no se aplic� a cabalidad, s�lo consisti� 
en usar j en lugar g, eliminar la h, usar i en lugar de i cuando era vocal (hasta all� 
todo bien a pesar de ser reforma parcial) y, horror de horrores, remplazar x por s 
ante consonante (testo en lugar de texto. Al parecer en el Chile de esa �poca no se 
ten�a el suficiente esmero, hoy la cs o gs es mayoritariamente pronunciada). Como toda 
reforma parcial, no tardaron es surgir disidencias y cada cu�l ten�a su propia 
ortograf�a.  El caos fue tal, que en 1927 por decreto se decidi� volver a la 
ortograf�a de la Real Academia de la Lengua Espa�ola.

Deseando que as� como uniformaron sus enchufes, sistema de medidas, monedas, etc�tera, 
uniformen tambi�n su ortograf�a, los saluda ortogr�ficamente,

Hlnodovic

Post Scriptum:  Transcribo lo siguiente para quien le interese.

Andr�s Bello

 

 

Ortograf�a

 

 

 

 

       La Facultad de Humanidades ha expuesto de un modo tan luminoso los fundamentos 
de sus reformas ortogr�ficas, que parecer�a un trabajo superfluo defenderlas de nuevo, 
si no vi�semos cada d�a que las innovaciones de utilidad m�s evidente encuentran 
numerosos opositores en las filas de los esp�ritus rutineros, de los cuales hay muchos 
aun entre los que se llaman liberales y progresistas. Examinemos, pues, las objeciones 
que se hacen a la nueva escritura.

A todas ellas podemos oponer la pr�ctica y la doctrina de la Academia Espa�ola, que es 
la autoridad a que muchos se acogen, y que en esta materia es digna de respeto sin 
duda. Extra�os debieron parecer a la vista egemplo, egecuci�n, egercicio, escritos con 
g en lugar de la x etimol�gica, extra�os cuanto, elocuencia, acuoso, con c; baile, 
aire, peine, con i latina; etc. Sin embargo, no se par� la Academia en esa extra�eza, 
ni tuvo escr�pulo en apartarse de la etimolog�a para simplificar la escritura. �No 
podremos, pues, dar nosotros algunos pasos m�s en el mismo camino, guiados por los 
mismos principios, y llevando puesta la mira en el mismo objeto de la sencillez 
ortogr�fica, que es, en otros t�rminos, la facilidad de las dos artes m�s importantes 
para la vida social, de los dos instrumentos m�s poderosos de civilizaci�n, la lectura 
y la escritura? �Hasta donde ha llegado la Academia podremos llegar, y no m�s? La 
Academia misma ha sido de diferente opini�n, y lo ha dicho expresamente. La Academia 
introdujo ciertas reformas, y se abstuvo de otras, que no le parecieron oportunas. "No 
han faltado escritores (dice en el pr�logo de su Ortograf�a) que han pretendido dar a 
la g en todos los casos y combinaciones la pronunciaci�n menos �spera que ya tiene con 
la a, la o, y la u, remitiendo a la j toda la gutural fuerte, con lo cual se evitar�a 
el uso de la u, que se elide sin pronunciarse despu�s de la g, y siguiendo otra vocal, 
como en guerra, gu�a, y la nota llamada crema o los dos puntos que se ponen sobre la u 
cuando �sta ha de pronunciarse, como en ag�ero, verg�enza, y otros. Pero la Academia, 
pesando las ventajas e inconvenientes de una reforma de tanta trascendencia, ha 
preferido dejar que el uso de los doctos abra camino para autorizarla con acierto y 
mayor oportunidad". As� se expresa aquel cuerpo acerca de la m�s atrevida de las 
reformas que pide el alfabeto castellano; de una reforma que nuestra Facultad de 
Humanidades tampoco ha cre�do conveniente adoptar, desde luego; y sin embargo, la 
Academia permite, excita a que se introduzca esta reforma con el ejemplo de los doctos.

A los que aleguen, pues, la autoridad de la Academia en favor del uso actual oponemos 
la autoridad de la misma Academia. A los que opongan lo extra�o y feo de las 
innovaciones, diremos que la verdadera belleza de un arte consiste en la simplicidad 
de sus procederes; que el objeto de la escritura es pintar los sonidos, y que cuanto 
m�s sencillamente lo haga, tanto m�s bella ser�; que extra�o en esta materia no quiere 
decir m�s que nuevo; y que si lo nuevo es m�s sencillo, m�s f�cil y, por consiguiente, 
mejor que lo viejo, debe abrazarse sin escr�pulo. En fin, a los que suspiren por sus 
amarteladas etimolog�as les recordaremos que en nuestro alfabeto la etimolog�a ha sido 
siempre una consideraci�n muy subalterna, y que la Academia Espa�ola no ha tenido el 
menor miramiento a ella cuando las alteraciones le han parecido convenientes. Lo �nico 
que puede oponerse con alguna plausibilidad es la violencia que tendremos que hacer a 
nuestros h�bitos para practicar las reformas. Pero en este mismo obst�culo tropezaba 
la Academia cuando trat� de sustituir en tantas palabras la c a la q, la g a la x 
gutural fuerte, la i latina a la griega, y no se arredr� por eso. �se es un 
inconveniente que puede alegarse m�s o menos contra todas las innovaciones; un 
inconveniente que a costa de una ligera molestia de pocos d�as produce ventajas 
eternas y de muy superior importancia.

D�cese tambi�n que es necesario que estas reformas partan de un centro com�n, de una 
autoridad literaria reconocida; porque no siendo as�, se adoptar�an en un pa�s unas y 
en otro otras, y aun se ver�an en uno mismo muchas ortograf�as diferentes seg�n el 
juicio o capricho de los escritores; vendr�a la escritura a ser un caos; y la lectura, 
lejos de ganar en facilidad, se erizar�a de embarazos y perplejidades. Pero no puede 
hacerse este reparo a las innovaciones recomendadas por la Facultad de Humanidades: 
ellas no alteran el valor usual de ninguna letra, de ninguna combinaci�n. El que sepa 
leer lo escrito con la ortograf�a que hoy se usa, podr� leer sin la menor dificultad 
lo que se escriba con la nueva ortograf�a, porque en ella no encontrar� ni letras ni 
combinaciones que hayan de pronunciarse de diverso modo que antes. Lo mismo suena 
general con g, que jeneral con j; hacer, honor, humanidad sin h, que con h No es 
posible pronunciar la q sino con el sonido de k, sea que le siga o no la u muda. Ni es 
de temer que en la marcha progresiva de las simplificaciones ortogr�ficas se prefieran 
otros medios a los adoptados por nuestra Facultad de Humanidades. No puede haber 
diferencia de opiniones en cuanto a la preferencia de la j sobre la g para representar 
el sonido gutural fuerte; y convenidos en simplificar la ortograf�a, no es posible que 
se desconozca la propiedad de la i latina en los diptongos ai, ei, of, ui, donde 
quiera que ocurran, y en la conjunci�n i, ni que dure mucho tiempo la pr�ctica de 
escribir letras mudas que para nada sirven. Reformas hay para las cuales puede hacerse 
uso de medios diversos. Por ejemplo, para que los sonidos de la c y de la z tengan 
cada uno su signo peculiar y exclusivo, unos recomendaran que la c se pronuncie 
siempre como k, y que se proscriba del alfabeto la q; y otros sustituir�n a la c 
fuerte la q o la k, escribiendo qama, qorazon, qutis, aqlamazion, aqrostico, o bien 
kama, koraz�n, etc. Pero las reformas sancionadas por la Facultad no son de este 
n�mero: los medios adoptados por ella son todos obvios, naturales, anal�gicos; 
cualquier sistema que se imagine para simplificar el alfabeto castellano debe 
principiar necesariamente por ellos.

La Facultad ha sometido sus procederes a estas reglas fundamentales:

1a Caminar a la perfecci�n del alfabeto, que consiste, como todos saben, en que cada 
sonido elemental se represente exclusivamente por una sola letra;

2a Suprimir toda letra que no represente o contribuya a representar un sonido;

3a No dar por ahora a ninguna letra o combinaci�n de letras un valor diferente del que 
hoy d�a se les da com�nmente en la escritura de los pa�ses castellanos;

4a No introducir gran n�mero de reformas a un tiempo.

Recorramos ahora cada una de las innovaciones recomendadas por la Facultad; as� podr�n 
apreciarse mejor sus acuerdos. 

La Academia hab�a propendido hace tiempo a separar enteramente los usos de la i latina 
y la y griega, empleando la primera como vocal y la segunda como consonante. Con este 
objeto, propuso que se sustituyera la i latina a la griega en todos los diptongos ay, 
ey, oy, uy, en que el acento carga sobre la primera vocal; excepto en fin de dicci�n. 
En vez de ayre, peyne, coyma, como antiguamente se escrib�a, introdujo la pr�ctica de 
escribir aire, peine, coima, pero sigui� escribiendo taray, fey, voy, muy. No parece 
que hab�a fundamento alguno para esta excepci�n singular. D�cese que estaba ya para 
promulgarse la regla general de la sustituci�n de la i a la y en todo diptongo grave 
terminado por y, cuando uno de sus miembros hizo presente que, adopt�ndose 
generalmente la regla, ser�a preciso corregir la ortograf�a de la estampilla con que 
se firmaban los despachos y provisiones reales, yo, el rey, dificultad que a los 
se�ores acad�micos pareci� insuperable. Se propuso, pues, y se adopt� la excepci�n de 
los diptongos finales. En las rep�blicas americanas ha sido, sin embargo, 
frecuent�sima la practica de escribir esos diptongos universalmente con la i vocal 
llamada latina. La Facultad no ha hecho m�s que extender esta pr�ctica a la conjunci�n 
y, y aun en eso la han precedido algunas rep�blicas americanas y varios escritores 
europeos.

Esta reforma es dictada por la primera de las reglas antedichas. Son diferent�simos el 
sonido vocal con que principia la dicci�n imajen, y el articulado con que principian 
ya, yo. Deben, pues, pintarse con diferentes signos en todos casos. En la ortograf�a 
chilena no quedaba m�s que uno solo en que se empleaba la y consonante en lugar de la 
vocal. La Facultad ha eliminado esta excepci�n solitaria; la i, seg�n su sistema, es 
perpetuamente vocal, y la y, perpetuamente consonante; la primera se llama i; la 
segunda ye. Y se logra esta simplificaci�n alfab�tica sin alterar en nada los valores 
conocidos y usuales de estas dos letras, conforme a la regla tercera.

No estar� de m�s observar que algunas personas pronuncian mal la consonante y, d�ndole 
el sonido de la vocal i. Pronuncian, verbigracia, yacer, yugo, como si estuviesen 
escritos iacer, iugo. Estas personas, consultando su o�do, creer�n acaso que igual 
motivo hay para escribir iacer, iugo, que para escribir Pedro i Juan; y que, si la 
Facultad es consecuente, debiera proscribir del alfabeto la y griega, y reemplazarla 
en todos casos por la i latina. Pero los que as� discurren se fundan en una 
pronunciaci�n viciosa, aunque a la verdad no muy rara en Am�rica ni en la Pen�nsula. 
El sonido leg�timo de nuestra consonante y se amalgama �ntimamente con el de la vocal 
que le sigue, como lo hace la v en las dicciones vano, vivo. Ac�rcase mucho al de la g 
italiana en piange, y al de la j inglesa en joke; aunque, si no me enga�o, es algo m�s 
suave.

[RESPUESTA A UN SUSCRIPTOR]

Interrumpimos este art�culo para responder a las objeciones hechas a la ortograf�a de 
la Facultad de Humanidades en el comunicado de Un Suscriptor, que acabamos de leer en 
la Gaceta del Comercio.

La primera es la necesidad de ense�ar al ni�o dos m�todos ortogr�ficos, el antiguo y 
el nuevo, para que pueda emendar todo lo que hay escrito en letra de molde y de mano. 
En esto hay exageraci�n. El m�todo antiguo y el nuevo son uno mismo con muy ligeras 
alteraciones; y para que el ni�o se imponga de ellas bastar� que cuando est� 
familiarizado con el nuevo se le hagan estas tres advertencias:

1a Muchos acostumbran poner en lo escrito una h que no significa nada, como en hombre, 
hato, hilo; no hagas caso de ella; lee como si no hubiera tal h;

2a Se acostumbra tambi�n poner despu�s de la q una u, escribiendo, por ejemplo, quema, 
quiso; esta u tampoco significa nada; lee como si no hubiera tal u;

3a Tambi�n se suele usar y en lugar de i, escribiendo por ejemplo, Pedro y Juan, comer 
y beber.

P�ngase luego al ni�o en la mano un libro escrito de este modo, ejerc�tesele en �l un 
par de d�as, y est� concluido el aprendizaje de los dos m�todos. Obs�rvese que toda 
reforma ortogr�fica ha debido ocasionar igual embarazo. Cuando la Academia sustituy� 
la c a la q y la g o la j a la x, �no fue tan necesario como ahora hacer a los ni�os 
algunas advertencias para que pudiesen leer los innumerables libros escritos con la q 
y la x etimol�gicas?

La segunda objeci�n consiste en la dificultad de buscar las voces en el diccionario. 
�ste es un inconveniente que s�lo puede alegarse respecto de la supresi�n de la h; y 
existe �nicamente para los adultos que saben algo, y que dudan, o sobre el verdadero 
significado de una palabra, o sobre su leg�tima pronunciaci�n, o sobre su ortograf�a. 
�stos, sin duda, tendr�n una que otra vez que buscar una palabra con h y sin h. Pero 
�no sucede ahora lo mismo? �No les es necesario buscar una palabra con b o con v; con 
z, con c o con s; y tambi�n con h y sin h? Oye uno hablar por la primera vez de un 
�rbol cuyo nombre suena aya; lo busca probablemente en la a; no lo encuentra, y tiene 
que buscarlo en la h. La verdadera causa de estas dobles investigaciones es unas veces 
la incorrecta pronunciaci�n, y otras el uso de letras in�tiles o el doble valor de las 
letras. Lo primero no puede evitarse en ning�n sistema de ortograf�a; lo segundo se 
evitar�a completamente por medio de una ortograf�a racional y sencilla. Ataquemos la 
ra�z del mal: simplifiquemos el alfabeto. Propagadas las reformas (como no pueden 
dejar de serlo seg�n el rumbo que llevan hoy las cosas), se har�n lugar en los 
diccionarios; y pronunciando bien, no habr� nunca que pasar de una letra a otra para 
buscar en ellos las voces sobre que deseamos consultarlos. 

D�cese que los buenos castellanos niegan que para la pronunciaci�n no sea necesaria la 
h. Desear�amos o�r de la boca de esos buenos castellanos la diferencia de 
pronunciaci�n de hombre con h y ombre sin h.

La tercera objeci�n es que suprimiendo la h in�til no podremos encontrar la etimolog�a 
de las palabras. �Grande inconveniente por cierto para los ni�os que aprenden a leer! 
Vuelvo al ejemplo de la Academia. Cuando la Academia escribi� cual con c y enjambre 
con j, �hizo alguna cuenta de la etimolog�a? La infinidad de escritores que antes de 
la Academia escribieron aver, avia, uvo, sin h y con v, �ignoraban acaso que este 
verbo se derivaba del latino habere? �Y qui�n ha dicho que la escritura tiene por 
objeto conservar las etimolog�as? Los latinos escrib�an habere con h porque esta letra 
ten�a para sus o�dos un valor real: abere no les hubiera pintado el verdadero sonido 
de la palabra. No es as� en nuestra lengua. Abolido el sonido, es fuerza abolir la 
letra; y si no lo hicieron nuestros abuelos, no es esa una raz�n para que dejemos de 
hacerlo nosotros.

Obj�tase tambi�n lo que se tiene adelantado por la escritura usual para aprender el 
lat�n, el franc�s, el italiano, etc�tera. Vuelvo otra vez y otras ciento a la 
Academia. Si es una l�stima que escribiendo ombre sin h desaparezca la etimolog�a de 
esta palabra, y su afinidad con homo en lat�n, y homme en franc�s, fue un error que la 
Academia, escribiendo cuando con c, hiciese desaparecer su etimolog�a y su afinidad 
con el quando de la lengua latina y el quand de la francesa En suma, la Academia debi� 
haber dejado la ortograf�a como se estaba, porque las reformas adoptadas por ella han 
sido otros tantos bofetones a la etimolog�a, y otras tantas dificultades para el 
aprendizaje de las lenguas extranjeras, vivas y muertas. Ella debi� escribir hasta el 
fin de los siglos enxambre y execuci�n con x, quando y quanto con q. Contray�ndonos a 
la h, si la supresi�n de esta letra nos aleja de los idiomas extranjeros en algunos 
casos, en otros nos aproxima y nos pone en armon�a con ellos. Escribiendo aber sin h, 
nos acercamos a los italianos y a los franceses, que escriben avere, avoir. 
Escribiendo ombre, onor, orror, umanidad, sin h, nos acercamos a los italianos, que 
escriben uomo, onore, orrore, umanit�; que apenas conservan tres o cuatro hh in�tiles 
en su moderna escritura. No vemos que se gene nada con la ortograf�a de una lengua 
para adquirir el conocimiento de otra. A veces las hallaremos concordes; a veces no; y 
con esto tolo est� dicho que nuestra ortograf�a, cualquiera sistema que se elija, ser� 
siempre un indicio falac�simo para saber la ortograf�a latina, francesa, etc. �Una 
dicci�n castellana se escribe con b? La dicci�n correspondiente en lat�n, en franc�s, 
en italiano, en ingl�s, se escribir� quiz� con v. Escr�bese com�nmente buitre: la 
palabra latina es vultur; la francesa vautour; la inglesa vulture. Escribiendo pruebo 
conservamos la afinidad latina, probo; pero discordamos con el franc�s je prouve, con 
el italiano io provo, con el ingl�s I prove. Pudi�ramos aglomerar no pocos ejemplos de 
esta especie. Pero ombre sin h, se nos dice, significa sombra en franc�s. �Y qu� hay 
de malo en eso? Lo que es nombre en castellano es con todas sus letras n�mero en 
franc�s, y nadie se ha quejado de esa coincidencia hasta ahora.

Obj�tase asimismo la confusi�n que resulta de la supresi�n de la h, porque a, 
verbigracia, puede ser una preposici�n y un tiempo de aber; e, una conjunci�n y un 
tiempo del mismo verbo; abr�a puede ser un tiempo de aber o un tiempo de abrir; aya, 
un tiempo de aber, una nodriza o un �rbol. Esta confusi�n, si tal puede llamarse, 
existe en la lengua hablada; del mismo modo se pronuncia aya o haya cuando se dice 
dudo que haya llegado la nave, que cuando se dice la haya es un �rbol copado, o la 
ni�a se echo en brazos del aya. Y si existe en la lengua hablada, �por qu� no en la 
escrita, que debe ser un retrato del habla? Y si lo consigue completamente, �no habr� 
hecho poco? Pero la verdad es que estas homonimias no han ocasionado jam�s un momento 
de embarazo a nadie, porque el contexto determina suficientemente la palabra. Amo es 
sustantivo y es verbo; lo mismo puede decirse de ama, de cambio, de encuentro, de 
corta, de corte, de lego, de destierro, de castigo, de duelo, de enojo, de baile, de 
danza, de cena, de luces, de mora (sustantivo, adjetivo y verbo) y de otras 
innumerables voces, y a buen seguro que nadie haya vacilado jam�s tomando lo uno por 
lo otro. El se�or corresponsal de la Gaceta de Comercio confesar� que para confundir a 
ora sustantivo con ora conjunci�n se necesitar�a ser m�s que medianamente est�pido. 
Adem�s, hora y ora han sido originalmente una misma palabra, y, o debemos escribirlas 
ambas con h, si respetamos la etimolog�a, o ambas sin h, si la apreciamos en lo que 
vale.

�ltimamente, ya que el Se�or Suscriptor de la Gaceta de Comercio gusta tanto de las 
afinidades y etimolog�as de la h, querr�amos preguntarle c�mo escribe las palabras 
teolog�a, teocracia, apoteosis, ateo, ate�sta, polite�sta, pante�sta, s�ntesis, 
sint�tico, y otras mil, que, seg�n su origen deber�an escribirse theologia, 
theocracia, etc. Seguramente sin h; a pesar de que en las voces correspondientes del 
lat�n, del franc�s, del ingl�s y de otras lenguas sea necesaria esa letra. Pero son 
tantos los casos en que la ortograf�a castellana corriente se ha separado de las 
etimolog�as, que extra�amos haya todav�a personas de buen juicio bastante preocupadas 
a favor de ellas para sobreponerlas a consideraciones de mucho m�s alta importancia. 
Las lenguas no paran nunca; y alterando continuamente en su movimiento las formas de 
las palabras, es necesario que estas alteraciones se reflejen en la escritura, cuyo 
oficio es representar el habla. Conservar letras in�tiles por amor a las etimolog�as 
me parece lo mismo que conservar escombros en un edificio nuevo para que nos hagan 
recordar el antiguo.

La supresi�n de la u muda, que es otra de las reformas ortogr�ficas aprobadas por la 
Facultad de Humanidades, es una consecuencia inmediata de la regla segunda: no es 
posible defender bajo ning�n aspecto la conservaci�n de una letra enteramente in�til.

No se puede decir lo mismo de la u muda que, colocada entre la g y las vocales e, i, 
hace que demos a la g el sonido suave que tiene antes de las vocales a, o, u. 
Suprimida esta u muda en guerra, guitarra, dar�amos un valor nuevo a las combinaciones 
ge, gi, que, si bien desusadas en la ortograf�a de Chile y de algunos otros pa�ses 
castellanos, se conservan con el valor fuerte de j en la gran mayor�a de los libros 
que circulan entre nosotros. La Facultad, pues, ha juzgado que era necesario, en 
conformidad a la regla tercera, tolerar la subsistencia de las combinaciones gue, gui, 
en que la u muda avisa que no debe pronunciarse je, ji. 

Esta es la anomal�a m�s inc�moda de nuestro alfabeto, por la necesidad que de ella se 
origina de marcar con una se�al particular la u cuando en aquellas combinaciones se 
pronuncia, como en ag�ero, ag�ita.

La marca de los dos puntos, llamada crema o di�resis, era un signo pros�dico destinado 
a representar la verdadera di�resis, esto es, la resoluci�n de un diptongo en dos 
s�labas, como en s�ave, vi�da; y se le da un significado diferente cuando la colocamos 
sobre la u en gue, gui; porque en estas s�labas las vocales ue, ui forman siempre 
diptongo. Este doble valor de la crema no deja de ser tambi�n un inconveniente. 
Sensible es sin duda que subsistan tales defectos en nuestra escritura, pero no ha 
llegado el tiempo de removerlos.

Acerca de la supresi�n de la h muda, poco tenemos que a�adir a lo que dijimos en la 
segunda parte de nuestro art�culo precedente. Los que han tenido a la mano ediciones 
espa�olas anteriores a la Academia, habr�n notado cu�n frecuentemente se suprim�a esta 
letra a principio y en medio de dicci�n. Escrib�ase yo e, tu as, �l a, etc. Era 
rar�simo encontrar el verbo haber con h aun en libros de hombres eruditos. Tenemos 
actualmente a la vista una Explicaci�n de las s�tiras de JUVENAL por DIEGO L�PEZ, 
impresa en Madrid el ano de 1642, y all� leemos: "o se a de usar mal de la hacienda, 
ni de lo que con ella se a ganado. Es de ombre sabio guardarla, i considerar que el 
ombre no solo a de querer ser rico para s�, sino para sus hijos, parientes i amigos, i 
principalmente para la rep�blica, como dice Cicer�n". Cons�rvase all� el h en las 
voces en que todav�a se aspiraba por haberse sustituido a la f latina, como en hacer, 
hacienda, hambre, hijo, hormiga, etc. La h latina hab�a llegado a ser una letra muda, 
y por eso se pintaban sin ella ombre, Omero, umedecer, etc. Aun la aspiraci�n en que 
se hab�a convertido la f era ya debil�sima y empezaba a desaparecer; y de aqu� es que 
en este mismo libro encontramos ermosura, ermosos, etc. La Academia, restableciendo la 
h en las dicciones que ya se sol�an escribir sin ella, di� un paso retr�grado. Dej�se 
dominar en sus primeros trabajos por el principio etimol�gico, que con mejores 
fundamentos abandon� despu�s en gran parte.

La reforma que en este punto ha sido admitida por nuestra Facultad de Humanidades 
tiene a su favor el ejemplo de la naci�n italiana, que tambi�n conserv� mucho tiempo 
la h muda etimol�gica. Algunos eruditos, percibiendo la impropiedad de este uso, 
aconsejaron que se suprimiese aquella letra como in�til; y ahora vemos casi 
enteramente purgado de aquel vicio el alfabeto italiano, en que hoy d�a, seg�n 
creemos, no se escriben con h sino las cuatro formas de avere, ho, hai, ha, hanno, 
para distinguirlas de otras palabras. Pero hubiera sido mejor suprimirla siempre, 
porque, como hemos dicho, le basta a la escritura ser tan clara como el habla; su 
oficio es retratarla hasta con sus lunares e imperfecciones; y por otra parte no hay 
necesidad de distinguir lo que por el contexto se distingue facil�simamente.

Pero, proscribiendo la h superflua, ha juzgado la Facultad que era necesario retenerla 
donde tiene un valor real, es decir, en las interjecciones ah, eh, oh, ha, ho y otras. 
Pronunciadas estas palabras con la emoci�n que est�n destinadas a representar, llevan 
consigo una aspiraci�n sensible, que se parece algo a la articulaci�n de las s�labas 
aj, oj, ja, etc�tera, aunque mucho menos fuerte; de donde procede que la vocal 
anterior a la h pueda formar sinalefa con la vocal siguiente, como en �ah ingrato!, 
�oh atroz inhumanidad!

La h suena tambi�n en las combinaciones hua, hue, como en Hu�nuco, hueco; donde tiene 
exactamente el sonido de la w inglesa en water, web. La Facultad, sin embargo, crey� 
mejor suprimirla aqu�. Conservada, hubiera representado un sonido distinto del que 
tiene en las interjecciones; hubiera sido por consiguiente una letra equ�voca, que se 
pronunciar�a unas veces de un modo y otras de otro. Adem�s, la articulaci�n inicial de 
Huasco, hueste, se produce espont�nea y necesariamente siempre que la u no precedida 
de consonantes forma diptongo con la vocal que sigue. Pod�a, pues, sin inconveniente 
omitirse un signo que en combinaciones semejantes representar�a un sonido que por la 
conformaci�n de nuestros �rganos vocales no puede dejar de producirse.

La Facultad hubiera deseado que se pintasen siempre con se�ales diversas los dos 
sonidos articulados de raro; en otros t�rminos, que cuando la r es fuerte, como en 
raz�n, rebelde, honra, se duplicase siempre en la escritura. M�s aun as� seria siempre 
un defecto el representar con un car�cter doble un sonido verdaderamente indivisible. 
En corregir, no duplicamos el sonido que la r tiene en coraz�n, como en innato 
duplicamos el sonido de la n. No debi�ramos, pues pintar la segunda articulaci�n de 
corregir por una r doble, sino por alg�n signo peculiar. La misma observaci�n es 
aplicable a la ll. Naturalmente, el que ve escrito cabello deber�a pronunciar 
cabel&endash;lo, como los italianos pronuncian quello, capelli, poverella Pero 
tendremos por mucho tiempo que resignarnos a esta y otras imperfecciones, reconociendo 
como letras simples la ch, la ll y la rr.

Contray�ndonos a la rr, la Facultad de Humanidades ha cre�do conveniente que se 
escriba siempre con esta letra el sonido fuerte de la r; excepto en principio de 
dicci�n, donde ocurre tan a menudo, que la innovaci�n hubiera sido inc�moda, y donde, 
por otra parte, no siendo posible pronunciar r, el habla corregir� espontanea y aun 
necesariamente la imperfecci�n de la escritura. Limitada la reforma a la r cuando no 
es inicial, se logra no s�lo el restituir a la rr muchos de los sonidos que le tiene 
usurpados la r, como en honra, Israel, Ulrica, sino el distinguir con claridad lo que 
por el m�todo que en el d�a se sigue ocasiona dudas y da motivo a enunciaciones 
viciosas. �C�mo adivinar�n el ni�o y el hombre de poca instrucci�n que en el principio 
del segundo miembro de las voces compuestas la r vale rr, verbigracia, en prerogativa, 
prorogar, cariredondo? �C�mo sabr�n que despu�s de la b se debe pronunciar unas veces 
r, verbigracia, en abrazo, abrojo, sobrado, y otras veces rr, verbigracia, en abrogar, 
subrogar, subrepci�n, obrepci�n? La reforma de que hablamos remueve este 
inconveniente, y da un paso m�s hacia el sistema de sencillez y analog�a perfecta, a 
que deben conspirar todas las reformas alfab�ticas.

La Facultad ha recomendado tambi�n la pr�ctica que muchos observan en el d�a de no 
separar las dos rr. Represent�ndose por este doble signo un sonido indivisible, no hay 
m�s raz�n para dividirlo que para dividir la primera l de la segunda en 
cabal&endash;lo, o la c de la h, en muc-hac-ho. Es una antigua regla de ortograf�a el 
separar en fin de rengl�n las letras dobles, como en peren&endash;ne, in&endash;nato; 
pero se la da una extensi�n indebida aplic�ndola a la letra doble cuyo valor es 
simple. Lo que se trace con la ll debe observarse por paridad de raz�n con la rr. La 
latitud indebida que se ha dado a ciertos c�nones ortogr�ficos ha sido una de las 
causas de la corrupci�n del alfabeto. Dec�ase, por ejemplo, que ninguna consonante 
pod�a duplicarse en principio de dicci�n, y por una errada aplicaci�n de esta regla se 
escribi� antiguamente lorar, lamar, en vez de llorar, llamar; y todav�a se escribe 
rezar, re�r, en vez de rrezar, rre�r.

La Facultad, deseosa de simplificar en lo posible la escritura, ha dado tambi�n una 
regla general para la divisi�n de las dicciones a fin de rengl�n en un caso que seg�n 
el uso actual ofrece dudas y dificultades a los ni�os. �sase hoy dividir as� las dos 
primeras s�labas de las dicciones des-animar, ex-�nime, ab-or�genes, ad&endash;aptar, 
etc., para conservar integral las part�culas compositivas con que principian ciertas 
palabras. Si esta pr�ctica fuese constante, se podr�a creer que merec�a respetarse. 
Pero hay much�simos casos en que nadie o pocos se cuidan de separar las s�labas del 
modo dicho; por ejemplo, en adorar, adornar, adolecer, anarqu�a, monarqu�a, enemistad, 
paralelo, paralaje, subir, etc., etc.; en todos los cuales, atendiendo a la sola 
composici�n, deber�amos silabar ad&endash;orar, ad&endash;ornar, ad&endash;olecer, 
en-emistad, an-arqu�a, mon-arqu�a, par&endash;alelo, par&endash;alaje, sub-ir, etc.; 
lo que no se practica. Observando constantemente la regla de no despedazar las 
part�culas compositivas, no s�lo los ni�os, los adultos, los literatos tropezar�an 
frecuentemente en el silabeo. El conocimiento de la lengua griega ser�a necesario para 
distinguir los varios miembros de muchas palabras compuestas. La Academia ha percibido 
la propiedad de silabar pers&endash;picaz, cons-truir, obs&endash;tar, sacudiendo aqu� 
tambi�n el yugo de las etimolog�as para representar mejor el genio del habla 
castellana. �Por qu�, pues, no guiarse por el mismo principio en todos casos? 
Indudablemente propendemos a unir la consonante que se halla entre dos vocales con la 
vocal siguiente: pronunciamos e-ne-mistad, su-bir, a&endash;dor&endash;nar, y as� ha 
cre�do la Facultad que conviene escribir siempre sin excepci�n alguna. S�lo hay dos 
consonantes que parecen asociarse mejor con la vocal precedente: la x y la r. La r es 
constante que no puede principiar dicci�n; los �rganos de la voz lo repugnan; no 
pueden enunciarla sino es apoy�ndola en un sonido vocal anterior. Por consiguiente, la 
pronunciaci�n parece exigir que silabemos cor&endash;az�n, natur&endash;al. Lo mismo 
es aplicable a la x. La Facultad, sin embargo, ha preferido hacer universal la regla, 
desatendiendo la ligera violencia gue tenemos que hacernos para silabar Ana-x�go-ras, 
e&endash;xamen, co-raz�n, natu&endash;ral, en obsequio de la facilidad y sencillez.

La x di� motivo a una larga discusi�n. Quer�an algunos miembros de la Facultad que se 
desterrase esta letra del alfabeto, sustituy�ndole la combinaci�n cs. Pero prevaleci� 
la opini�n contraria por una raz�n que nos parece incontestable. El sonido de la x se 
ha suavizado tanto en la pronunciaci�n, que casi se confunde con el de la s. 
Pronunciar ecsamen, ecsonerar, dando su verdadero y perfecto valor a la c, parecer�a 
afectaci�n y recalcamiento. Pronunciamos m�s bien egsamen, egsonerar, dando a la 
combinaci�n gs un sonido suav�simo, que se aproxima al de la s, pero sin confundirse 
con �l. La x, en suma, representa ya una articulaci�n peculiar. 

Hemos dado una idea sucinta de los fundamentos que ha tenido la Facultad para sus 
innovaciones ortogr�ficas. Rechazando las otras que se le propusieron por don Domingo 
Faustino Sarmiento, ha hecho justicia a su celo por la propagaci�n de la ense�anza 
primaria, mandando estampar en el libro de actas una expresi�n de reconocimiento a sus 
interesantes trabajos.

 

 

 

 



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